Lección aprendida: Torito

ToritoHace no mucho, (no entraré en detalle sobre las fechas para que no aten cabos sueltos) viví una de esas experiencias que uno lee en los diarios, ve en la Rosa de Guadalupe y siempre – siempre- cree que no le va a pasar.

La historia comienza un viernes, después de una ardua semana de trabajo, donde, sinceramente creí que todo iba a salir perfecto. Para mi mala fortuna, al terminar la noche por eso de la media noche. Cometí el peor error de principiante que he cometido en muchos, muchos años: Beber y conducir.

En mi defensa opino que fue poco lo que bebí, pero lamentablemente, era suficiente para no pasar el famoso “sople aquí”.

Señor (por primera vez me sentí como uno), por favor apague el motor, su licencia y tarjeta de circulación, descienda del vehículo. Mi primer impulso fue despertar al novio, quien había quedado noqueado no hacía mucho.

Bajé del vehículo, y sin poder reaccionar a mucho, firmé un papel, soplé en un tubo y pum la mayor reprobación EVER. Creo que hice a mal no soplar bien la primera vez pues según me dijeron después en la charla con mis compañeros de “after”, eso hace que acumules mayor grado de alcohol.

El novio, a quien por esta vía agradezco haber estado al pendiente de todo durante las siguientes 25 horas, sacó las cosas de valor del auto. Lo cerraron y me subí a la patrulla.

Primer error, creer que soltando un varo todo iba a salir mejor. ERROR. Fue dinero tirado a la basura y sin mayor utilidad, AUNQUE tengo teorías de que ayudó a que todo saliera bien, ya sea realmente o por simple karma.

Subí a la patrulla, llegamos al “torito” y ahí comenzó todo, “apague el celular. “Sople aquí, orine acá, siéntese ahí”, “deposite todas sus pertenencias aquí”, “También los calcetines y las agujetas”. Acompáñeme, queda usted detenido.

Acto seguido, “baje sus pantalones, pase ahí”, y comenzaban los primeros minutos de las 24 horas más largas que pienso vivir jamás.

Era la 1:09 am la primer hora estuve muy enojado, conmigo mismo claro, pero al final ya no había nada que hacer, lo mejor era estar tranquilo y dejar el tiempo pasar.

Traté de dormir, (cosa que no logré hacer por más de 30 minutos y un par de veces durante las 24 h) como a eso de las 7 am, y no doy hora exacta porque no existe un solo reloj en el lugar. Me llamaron para firmar la hoja de mi detención. Debo confesar que se llenó de esperanza mi corazón al pensar que algo había pasado y ya iba a salir, no fue así.

Por ahí de las 9 de la mañana -este primer lapso de tiempo no fue tan lento- nos dieron chance de hacer “nuestra llamada”. Siguiente lección siempre apréndete los números de la gente a la que podrías llamar en una situación así. Para mi suerte, me dieron oportunidad de revisar mi celular 5 segundos en los que pude apuntar en un papel el número del novio al que llamaría para ver qué hacer.

Entonces ya sabía que estaba afuera que venía a “la visita”. Durante la visita me explicó que no había nada que hacer más que esperar, me llevó agua, unas toallitas para bebé y algo de comida. A esa visita llegaron las madres echas un mar de lágrimas y rabia, las novias despechadas, las esposas agradecidas, las que no tanto, los novios, los amigos. Y entendí ese dicho de que a los verdaderos amigos se les conoce en la cárcel y en el hospital. Porque aún la gente que estaba enojada con su familiar, le traía algo, para sobrevivir a las horas restantes.

Así pasaron las horas hasta lo que creíamos eran las 3 o 4 de la tarde, la sorpresa fue cuando preguntamos la hora y apenas eran las 11 am.

Ya lo decía Madonna “time goes by so slowly for those who wait“.

Así llegó la hora de la comida, para ese momento, pasamos de ser un grupo de desconocidos a ser un grupo de conocidos en las mismas condiciones. Esa parte fue muy graciosa, todos repitiendo cómo los habían agarrado, dónde, repitiendo cuántas horas les habían dado, como si de esa manera se fueran a hacer menos.

Llegó la hora de la comida, llevábamos unas buenas 12 horas transcurridas, sentados, parados, acostados en un lado, en el piso, en otro, incómodos, callados, hablando, riendo, serios, recapitulando. Huyendo del baño común, sobreviviendo al mal olor, algunos a la cruda, otros al temor de lo que pasaría cuando llegaran a casa.

Por fin cayó la noche, eso significaba para mi que ya solo faltaban unas 8 horas aproximadamente. De las 5 a las 9, parecía que el reloj retrocedía un minuto por cada dos que avanzaba. Me estaba volviendo loco, es muy frustrante saber que estás ahí, haciendo absolutamente NADA, viendo los segundos pasar como si fueran horas.

“Las doce!”, alguien gritó fuera de la celda, ya solo me quedaba una hora, los compañeros de celda habían empezado a salir conforme a sus llegadas, nos despedíamos como grandes amigos, “Hagamos un grupo en whats” decían. Yo llevaba horas aferrado a una nota que metieron en mi comida para desearme que las horas restantes fueran leves y que al salir todo estaría bien.

Como a las 12:40 gritaron mi nombre, ya te vas, me despedí triunfante de los compañeros, les deseé que las demás horas pasaran rápido y salí a respirar aire limpio una vez más.

Te cuento esta historia no como por un gran triunfo, sino para que ojalá lo pienses dos veces antes de meter la pata como yo. En dado caso de que te valga madres, y caigas, pues te dejo algunos tips de supervivencia:

  • NO TE RESISTAS, mientras más la hagas de pedo, más horas te van a poner y vas a acabar arrepintiéndote.
  • SE BUEN COMPAÑERO, agarra un lugar, no des lata, si ve que alguien lleva más horas en el piso o algo así ofrécele hacer turnos, ese compañero te puede hacer paro después.
  • OJO CON LA COMIDA, cuando hagas tu llamada, pide que te lleven un chingo de agua y algo MUY LIGERO de comer, piensa en que si comes pesado tendrás que ir al baño, y eso, no creo que quieras que pase.
  • TU BOTELLA DE AGUA LLENA, pide dos botellas, una bébela y la otra úsala de almohada.
  • TOALLAS PARA BEBÉ, en algún momento vas a empezar a sentirte sucio, son un parote para no sentirte (más) de la verga.
  • NO CUENTES LAS HORAS, mientras más pienses en el tiempo más lento transcurre, mejor piensa en juegos que puedas hacer con tus compañeros, usa los zapatos, las tapas de las botellas, los platos de unicel, las servilletas que tengan, TODO SIRVE.
  • NO DES MORDIDAS. A menos que traigas drogas, te tocan tus reglamentarias 24, así que mejor resígnate y ahórrate esa lana. No va a servir de nada.
  • ENTREGA TUS COSAS DE VALOR A TU ACOMPAÑANTE O DECLÁRALO. Antes de entrar a la celda verán que no traigas nada en la ropa, si te encuentran lana o lo que sea te lo van a bajar así que si traes algo déjalo en la entrada donde firmarás y se te tiene que entregar todo como venía, en caso contrario, te van a dar baje.

En fin, si me acuerdo de algo más les actualizo la nota, pero neta: ¡NO CAIGAN!

Ahora sí, no lo vuelvo a hacer…

Un comentario en “Lección aprendida: Torito”

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